Cronología de las representaciones rupestres: Edades Moderna y Contemporánea
Descripción general del destino: Al margen de las estructuras mineras que vemos por toda la zona, el patrimonio subterráneo minero lo componen las dos bocas de minas denominadas “Los túneles de los Moros”. La primera la encontramos enfrente del edificio de procesado del mineral, siendo posible recorrer sus primeros metros. Desde la verja de su boca, que se instala por seguridad dado que son frecuentes los desprendimientos al interior, observamos que hay dos personajes que recrean los trabajos diarios de barrenado y picado de los filones de galena. De las dos minas de los Moros, esta primera disponía de una acequia que abastecía de agua a los lavaderos adyacentes y estaba entibada con gruesos troncos de roble. Si avanzamos por el sendero habilitado remontando el barranco, llegaremos hasta la espectacular boca ubicada junto al cauce del río San Martín que nos permite entrar al interior de las minas y observar una cascada de agua que, actualmente, inunda las galerías inferiores. En esta segunda mina podemos aún ver dos barrenos metálicos clavados en la roca, uno en el suelo, en el extremo derecho, y otro justo encima, en el techo de lo que fue una galería superior que se desplomó. El nombre de estas bocaminas posiblemente nos indique que, antes de la llegada del inicio de la explotación moderna de 1947, ya existían en estos dos puntos explotaciones antiguas de plomo. La introducción de los compresores eléctricos y la dinamita supuso una reactivación industrial de estas antiguas explotaciones. En la antigüedad, las minas se abrían picando lentamente la roca con picachones y escoplos de hierro que eran golpeados con pesadas mazas, y el material se recogía en capazos de esparto trenzado y sacado a mano o con la ayuda de burros hasta el exterior. En el siglo XX, la dinamita, los barrenos conectados a grupos electrógenos y las vagonetas sobre raíles ayudaron a aumentar el ritmo de trabajo y el volumen y calidad de la explotación. En estas minas trabajaron, entre 1947 y 1958, un ingeniero, un facultativo de minas, un químico, diverso personal de administración y hasta 100 mineros (perforistas, entibadores, vagoneros, peones, carretilleros, personas de mantenimiento y taller, electricistas, un ingeniero de minas y un químico, al margen del personal de administración y otros servicios). La precariedad y dureza de estas minas era grande y la falta de protección de los mineros, que únicamente disponían de precarias mascarillas de tela para no respirar el nocivo polvo cargado de metales pesados que se producía tras cada voladura, hacían que las enfermedades pulmonares fueran frecuentes. Al margen del sulfuro de galena, también se extraían ocres férricos destinados a fabricar colorantes minerales rojos y amarillos y óxido de manganeso para producir colorantes negros. En 1950 se obtuvieron 696 toneladas netas de plomo.
Historia del sitio: La existencia de galena y plata en esta zona es conocida desde hace mucho. Posiblemente, el nombre de los “túneles de los Moros” que reciben las bocaminas que pueden visitarse actualmente tiene algo que ver con esa antigüedad, dado que tradicionalmente a los enclaves de gran antigüedad se les denominaba en las zonas rurales como “de los gentiles” o “de los moros”. En todo caso, la primera referencia documental relativa a la existencia de minas en la zona de Jubera data de 1588, en un documento expedido por un tal Juan de Heredia. Ya en 1783, se concedieron algunas concesiones para la explotación de plomo en este lugar, si bien parece que no hubo mucha rentabilidad en la práctica y se produjeron algunos disturbios entre lugareños empleados y gentes venidas de la corte con el ánimo de enriquecerse con la explotación. En 1874, una compañía de Madrid perforó una de las minas, si bien de forma modesta. En 1889, un nuevo concesionario explotó hasta 400 metros de galerías y pozos.
Descripción de los recursos museográficos: Estamos en mitad de un paisaje de arqueología industrial, dominado por ruinas y restos de instalaciones destinadas a extraer, almacenar, procesar y envasar el mineral. Se observan bocas de galerías mineras clausuradas, depósitos, lavaderos, tolvas, ruinas de los edificios de procesado y envasado del sulfuro de galena e incluso los restos de las oficinas y de otras estructuras complementarias. El mineral que se obtenía aquí se encuentra diseminado en la roca caliza que compone la ladera en la que nos encontramos. En estas rocas, además de galena, hay también plata, aunque en proporciones discretas lo que hace que, hoy en día, no resulte rentable su explotación. Actualmente, y tras la instalación de elementos de protección y seguridad, así como recursos de interpretación, es posible hacer una visita a este conjunto situado en un paraje natural de gran belleza que cuenta, además, con distintas figuras de protección medioambiental, dado que estamos en una zona de especial protección de aves y, más aún, dentro de la Reserva de la Biosfera que componen los valles de los ríos Leza, Jubera, Cidacos y Alhama.