Cronología de las representaciones rupestres: Neolítico avanzado a los inicios de la Edad del Bronce.
Descripción general del destino: El abrigo de Peña Escrita destaca por tres razones: la abundancia de representaciones rupestres, su espectacular localización en la montaña y el excelente estado de conservación de las pinturas. Con una antigüedad de entre 7500 y 4000 años, de los periodos Neolítico y Calcolítico, corresponden a sociedades que marcaron el inicio de la agricultura, la domesticación de animales y el primer uso de metales, como el cobre. Con 104 figuras pintadas sobre la roca, es uno de los abrigos rupestres más decorados de toda la Península Ibérica. La viveza de sus pigmentos, aún vibrantes, convierte la visita en una experiencia sensorial única para disfrutar del arte prehistórico. Situado a media ladera, en un gran murallón de roca cuarcítica, el abrigo forma un balcón natural que recuerda a un escenario teatral. Desde aquí se domina visualmente todo el entorno: Fuencaliente, El Piruetanal, la Serrezuela y el arroyo de Peña Escrita, que discurre por el fondo del valle. Hoy en día, se ha acondicionado un sendero para acceder al abrigo, pero antiguamente era un lugar casi inaccesible, refugio de cabras montesas y otras especies salvajes. El abrigo está orientado al suroeste y mide 21,60 metros de ancho. Su fondo lo forman paredes de roca vertical que avanzan y retroceden en zigzag, creando frisos lisos de entre 1,30 y 4,50 metros de ancho. Las figuras están distribuidas en 8 paneles: cinco se sitúan en la parte central del zigzag rocoso, dos en la parte alta a la izquierda del abrigo y uno más sobre un bloque de piedra suelto a la derecha. Todas las pinturas son de color rojizo, elaboradas con pigmentos minerales de óxido de hierro mezclados con grasa animal. Fueron aplicadas con los dedos o con rudimentarios pinceles. El motivo más representado son figuras humanas muy esquematizadas, aunque también aparecen formas de ramas, soles, animales y símbolos similares a peines. Las figuras femeninas son particularmente curiosas: se representan como una letra “M” con una hendidura central que simboliza la vagina. Encima se dibuja una cabeza ovalada o trazo horizontal, a veces adornada con un peinado o tocado. Entre las representaciones animales –los llamados zoomorfos– destacan cuadrúpedos con cabeza y, en algunos casos, con rabo. También abundan las figuras en forma de peine, conocidas como tectiformes, que consisten en varias líneas verticales paralelas cruzadas por una horizontal. Su interpretación es variada: se han visto como cercados, animales, sistemas de conteo, entre otros. Por último, encontramos motivos ramiformes, es decir, en forma de ramas, posiblemente inspirados en elementos vegetales.
El abrigo de La Batanera destaca por su proximidad al agua y su espectacular entorno de cascadas. Todo ello sugiere que pudo tener un significado místico, motivo por el cual se plasmaron en sus paredes las pinturas. Sin embargo, la belleza del lugar contrasta con el delicado estado de conservación de estas obras. La humedad, las infiltraciones en la roca y la proximidad al agua han ido deteriorando progresivamente los pigmentos y favoreciendo la proliferación de líquenes. Además, pequeños fragmentos de la superficie de la roca se han desprendido, llevándose parte de las pinturas. A esto se suma la dificultad para distinguir las pinturas debido a los tonos rojizos y amarillentos de la roca, que se confunden con el rojo original. Algunas figuras solo son visibles con alta humedad ambiental, como en días de lluvia o cuando la roca está mojada. El vandalismo también ha dejado huella: hay grafitis sobre el panel principal y, en el siglo XVIII, una de las rocas fue arrancada para llevarla al Real Gabinete de Historia Natural en Madrid. La Batanera cuenta con tres paneles, separados unos metros entre sí, protegidos con rejas y todos orientados hacia el arroyo. El primer panel se sitúa en un abrigo de unos 3 metros de alto y es el que tiene el mayor número de figuras y las mejor conservadas. Los paneles 2 y 3 están a continuación sobre la pared, aunque tienen menos figuras. Todas las pinturas son de color rojizo, realizadas con pigmentos de óxido de hierro mineral mezclados con grasa animal. Fueron aplicadas con los dedos o con pinceles rudimentarios. Los motivos más frecuentes son las figuras humanas, representadas en forma de doble ancla —conocidos como antropomorfos de tipo ancoriforme—. También se observan líneas onduladas —conocidas como serpentiformes— y círculos.
Historia del sitio: Las pinturas rupestres de Fuencaliente tienen el honor de ser el primer arte prehistórico descubierto en la Península Ibérica. Fue en el año 1783, cuando el párroco de Montoro, Don Fernando López de Cárdenas, informó sobre la existencia de pinturas en Peña Escrita y La Batanera. El cura exploraba la zona por encargo del Conde de Floridablanca, ministro del rey Carlos III, quien, tras recibir la noticia, envió un informe oficial. Por aquel entonces, acababa de crearse el Real Gabinete de Historia Natural en Madrid. Para satisfacer al conde, el párroco arrancó una piedra con pinturas del abrigo de La Batanera y la envió al gabinete para su exposición. Durante décadas, estas pinturas fueron olvidadas, hasta que a mediados del siglo XIX volvieron a llamar la atención. Aparecieron mencionadas en la revista “Semanario Pintoresco Español” y en el “Diccionario de España” de Pascual Madoz. En ese tiempo se creía que eran obra de fenicios, egipcios, celtas o íberos. La primera interpretación científica la realizó Manuel de Góngora en 1868, quien las incluyó en su obra Antigüedades Prehistóricas de Andalucía. Años después, el célebre arqueólogo francés Henri Breuil visitó el abrigo en 1911, y al año siguiente regresó con el también insigne arqueólogo Hugo Obermaier. Ambos aprovecharon el viaje para estudiar el arte rupestre de toda la comarca. Las investigaciones más recientes han sido llevadas a cabo por Pilar Acosta, Alfonso Caballero Klink y Macarena Fernández.
Descripción de los recursos museográficos: Señalización y paneles didácticos en ambos refugios (Peña Escrita y La Batanera). Algunas ecorutas de la región conducen a estos lugares, y existen empresas con guías que ofrecen visitas especiales a los refugios (http://turismovalledealcudia.com/#!/catid=1;3;4;2).